20.5.13

Perder

Recorres los más de 200 kilómetros que separan Doetinchem del Parkstad Limburg Stadion con la esperanza de acariciar el regreso a la Eredivisie. Tu equipo dio la cara en la ida (empate a uno en casa contra un rival superior) y solo necesita marcar un gol más que el rival en la vuelta para meterse en la última ronda del playoff, ¿qué puede salir mal? Entonces llega el momento y el árbitro pita el inicio del partido. Todavía hay gente fuera del estadio cuando marcáis el primer gol. El hispanobelga García-Calvete pone el 0-1 a pase de Anco Jansen –el tío se ha salido en la fase regular- y todo queda a favor.

Sin embargo, cuando piensas que la cosa no puede ir mejor, encajáis el primer gol. Empate a uno, 2-2 en el global. En ese momento ignoras que tu portero se va a pasar toda la tarde sacando balones de la red (seis en total), que tu equipo no va a volver a marcar un solo gol y que te vas a ir a casa sabiendo que la próxima temporada tu ciudad seguirá viendo fútbol de segunda. Y cuando todo acaba, antes de montarte en el bus de vuelta, te quedas un ratito más en el estadio. Todavía tienes que celebrar con los tuyos que, aunque habéis sido goleados, estuvisteis allí.

Porque los hinchas del De Graafschap, acostumbrados a alegrías minúsculas y decepciones tres veces mayores, tienen algo que celebrar hasta en las peores derrotas.

11.5.13

Volver a empezar

En apenas quince minutos al AZ se le habían facilitado muchísimo las cosas para llevarse la KNVB Beker. Fue como si Gertjan Verbeek, entrenador alkmaarder, hubiese escrito el guion y Willems, Bouma, Marcelo y Hutchinson lo hubiesen seguido a rajatabla en los primeros compases del partido. Cualquiera que lea con relativa frecuencia la prensa deportiva holandesa o vea los resúmenes de Eredivisie Live sabe (y Advocaat, que lo quiso fichar enero, lo sabía) que Adam Maher es de esos jugadores a los que no les puedes conceder dos metros, ni siquiera uno. Y mucho menos dejarle conducir un contragolpe desde su propio campo, porque pasa lo que pasa. Uno a cero y vuelta al círculo central entre lamentaciones. Volvió a parpadear el PSV tras el primer mazazo y, antes de poder abrir los ojos, el balón fue a parar a los pies de Altidore muy cerca de la portería. En décimas de segundo, éste levantó la cabeza y con un quiebro hacia adentro –91 kilos de futbolista girando en sincronía- puso a Marcelo y Hutchinson en lista de espera para un trasplante de cintura. El último obstáculo antes del gol se llamaba Waterman y fue fácil superarlo. Dos a cero en menos de un cuarto de hora de partido. Al PSV le había vuelto a condenar su defensa de preescolar.

En ese momento que va desde que encajas el segundo gol hasta que vuelves a sacar de medio campo, seguramente a muchos aficionados boeren se les pasó por la cabeza que lo único que han celebrado en los últimos cinco años ha sido una KNVB Beker. Un bagaje paupérrimo para el mayor presupuesto de la Eredivisie. Este año en blanco (el cuarto de los últimos cinco si no contamos la Johan Cruijff Schaal como título grande y, casualmente, el de su centenario) debería ayudar al PSV a reflexionar sobre muchas cosas más allá de si van Bommel colgará las botas o si Toivonen, Mertens o Strootman harán las maletas cuando llegue el sol de junio. La temporada que viene jugarán la Champions League después de cinco años, y a su línea defensiva le cuesta ser competitiva incluso en la Europa League. Hutchinson es un caramelo para los extremos, Marcelo es demasiado rígido y Bouma, a sus 34 primaveras, pide ya el relevo mientras Zanka sigue sin dar el salto al primer equipo.

Cocu y sus asistentes, Faber (medio) y van der Weerden (izquierda)

Cocu tiene trabajo por delante.

18.4.13

El dúo del ascenso

Hace dos días se confirmó. El hasta ahora técnico del PEC Zwolle, Art Langeler (42), seguirá su carrera en las categorías inferiores del PSV cuando finalice esta campaña. Ya no entrenará más al equipo que le reclutó del modesto Rohda Raalte (4ª división) hace cinco años para darle una oportunidad en un banquillo profesional. Tampoco lo hará Jaap Stam (40), el hijo predilecto del club y su asistente desde 2010, que regresa al Ajax siguiendo los pasos de Bergkamp, Overmars y van der Sar. El camino de ambos se separa tres temporadas, un ascenso (campeones de segunda en la 2011/12) y –casi se podría decir que- una permanencia después. El tándem ha llegado al final del trayecto con la satisfacción de haber devuelto a la afición Zwollenaar lo que le fue despojado en 2004 por última vez: el fútbol de primer nivel.

Langeler y Stam
Ninguno de los dos renovará, quizá temerosos de ennegrecer tres años triunfales en el IJsseldelta Stadion. Aunque, en cualquier caso, los Rochdi Achenteh, Darryl Lachman, Youness Mokhtar y compañía auguraban cualquier cosa menos fracaso. Una retahíla de jóvenes futbolistas con buen pasado en la Eerste Divisie que, de la mano del exitoso dúo, empiezan a hacerse un nombre en la Eredivisie. Ellos son el legado de Langeler y Stam. Y Ron Jans espera poder disfrutar de él.